viernes, 6 de abril de 2007

Postal Rosarina del jueves santo

Cumpleaños de Plus disfrazada de novia, hubo vestido y arróz, no olvidó la torta de casamiento con sus clásicos muñequitos alegóricos. El novio era de plástico completamente y tenía porsupuesto su traje negro, la novia era de plástico también pero tenía un velo de tul en miniatura. Un rato antes de soplar las velas, entró al bar una nena que vendía rosas. No tenía más de ocho años, pelo largo con bucles castaño claro, ojos miel de esos que son tan ingenuos y a la vez son tristes, que no pueden aguantarse por demasiado tiempo sin sentirse mal.
Se quedó mirando alucinada la torta y todas pensamos que "pobrecita tenia hambre" pero ella no despegaba sus ojos de los muñequitos y cuando tomó coraje empezó a acariciar el velo de la novia, la tocaba despacito como cuando tocás algo que sabés que no va a durar mucho y lo querés disfrutar. La cumpleañera sopló las velas, e insistimos en que la nena comiera un trozo de torta que nunca aceptó. En un descuido agarró los muñecos y siguió el romance. Yo la miré y entendí lo que sentía, me acordé de mi, de mis fantasias y de lo poco que te puede importar el hambre cuando estás soñando.Nunca tuve hambre pero si fuí una nena y a veces pienso que las nenas de la calle no juegan y se alucinan como las otras nenas porque tienen otras necesidades. No es así. Desplazaba los muñecos por la mesa y los hacia bailar, me miró con alegría y me dijo "que lindo!", se los pidió a la cumpleañera y ella se los regaló. En un momento fui al baño y la nena se los estaba mostrando a unas minas que estaban en la cola, y también insistián en que coma torta. Me acordé de otra postal que vi desde el colectivo, una nena en una villa acostada en un container de basura, dando vueltas y cantando, en esa actitud soñadora que también reconocí. Perdí todo ese espacio que tenía para mi, apesar de las circuntancias, en algún momento y lo quiero de vuelta. Me acuerdo que no hace muchos años hacía castillos de arena cuando iba a la isla con mi papá y soñaba terriblemente lindo, eran horas de fantasías y colgaduras que no servian para nada y eran perfectas. Ahora voy siempre a la isla pero hace mucho que no lo hago, parece que es más urgente pensar en otras cosas.

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